Cuando estoy sola

Este es un ensayo que escribí a los 23 años. Me avergüenzo un poco de él, más sin embargo, aún me sigo referenciando y reconociendo ahí.

Me arrepiento de la joven pedante y algo dogmática que fui. Pero me enorgullece la honesta ferocidad. Se lo he enseñado a un puñado de personas, quienes cuento con los dedos de una mano.

jkamali-2Nov-06

Cuando estoy sola, la luz, el pájaro, la nube, tienen la plenitud de la azucena.
Siento y me deleito en la paz que me rodea… Pero con el número dos nació la pena.
Sin embargo, estoy profundamente convencida, si nos has gozado de los tormentos del amor universal… si no has dado, mucho más que recibido, ya puedes decir que no has vivido.
Porque todo es así, lo bueno y lo malo, lo triste y alegre, el placer y el sufrimiento, no puede existir lo uno sin el otro y en la naturaleza se repite hasta en los más insignificantes y aparentes acontecimientos; por eso todo es tan fugaz, tan inaprensible, que pienso… que desatino comete el hombre cuando pretende hacer planes para el futuro y, muy a menudo, los hace para otros seres, ¡a los que dice amar!
Es precisamente cuando los está alienando, despersonalizando, solo tenemos el presente, el futuro ya está barajado, desde lo infinito. No podemos con el presente y pretendemos manejar un hipotético futuro, esto es inconcebible para la mente lúcida; vivamos el momento, con total entrega y responsabilidad, porque ese instante no se repite, especialmente esos momentos de paz donde sentimos la belleza que nos rodea o el amor que nos es dado: el mañana es mucho tiempo, puede ser, incluso, demasiado tarde.
Nuestra vida oscila entre momentos de euforia y satisfacción, alegría desbordante y periodos de tristeza, frustración, pesimismo, porque somos hijos biológicos y herederos de un pasado cósmico y todo lo que acontece en el universo nos compete, nos conmueve misteriosamente porque nosotros somos el cosmos.
Lo traemos, somos herederos de esa fabulosa historia, increíble, fantástica, maravillosa y también la causa y origen de todos nuestros conflictos interiores.
El hombre nace libre, dispone de su libre albedrío, pero eso tiene un precio, como todo lo que vale, y esto se paga con su soledad.
Eres en la justa medida en que la luz atraviesa tu corazón, esto significa que cuando te atreves a dialogar con ese huésped que llevas dentro, se ilumina esa zona de sombras y empiezas a ser tú mismo: el auténtico yo aparece, aflora y desplaza al yo usurpador que hasta ese momento ocupo la mayor parte de tu vida (eso que llamas vida) enajenada.
Vale la pena intentarlo.
Tuve que amordazar soledades para que no se oyeran mis gritos.
Cuantos momentos malditos hoy me niego a recordar. ¡Si habré llorado detrás de las puertas como una niña!
Nadie te puede ayudar porque los demás, a su vez tienen sus problemas, sus ansiedades, sus particulares deseos insatisfechos, sus esperanzas que bullen en su pecho y que tú no puedes mitigar. No hay comunión entre nosotros.
Cuando tu deseas algo, “alguien” está deseando otra cosa.

Tal vez lo menos doloroso, y sobre todo lo más digno sea el quedarse solo, con nuestros pensamientos, nuestro fabuloso mundo interior enriqueciéndonos permanentemente , para que de este modo podamos dar una mano a los demás, aceptar al otro con más tolerancia, respeto, cariño y buen humor.
Sin egoísmos, sin deseos que provoquen ansiedades, sin esperanzas que despierten expectativas de dichas que no se realizaran.
Vivir el presente como si fuera la última cosa que fuéramos a realizar, con total absorción y pasión.
Todo me parece tan fugaz, y esa realidad que creemos ver no es mas que el reflejo de nuestro propio interior, insondable, misterioso, incomprensible llamado inconsciente, que se proyecta y creemos ver.

La vemos distinta, nos impacta diferente, a veces insólitamente, porque somos diferentes.
Estoy segura que heredamos nuestra alma, y mil veces se repite por los siglos: a pesar de ello, tercamente, insisto en ser yo misma, la de siempre, insobornable, sin concesiones; también, la eterna mutante.

Esta experiencia mía, que no me sirve de nada, más valiera guardarla en los cajones, con papeles, algún verso, frustradas ilusiones; sin embargo en contadas ocasiones, relámpagos de luz iluminan mi mente, rostros esbozados me contemplan y cuchichean, me protegen: me hacen llegar imágenes de otros mundos…¡tan deseables! Donde la vida de una flor es venerada, y tiene resonancia la campana, la mentira provoca una sonrisa, las gentes se saludan con la mano, y los animales pacen sin temor, tomando el alimento de mi mano.

Veo las extensiones y racimos de los árboles, que me rodean y envuelven en su frescor y su aroma, mientras miro extasiada como millones de insectos trabajar apasionadamente, cumpliendo su misión particular e importante, mientras las golondrinas pescan las oruguitas de los brotes tiernos y las aves, rojas como brasas, se elevan en ese cielo de un azul increíble y vuelven a la tierra en un alarde de elegancia y belleza, que me hace estallar de emoción el corazón.

Tengo esperanza.

Poco a poco voy armando el rompecabezas, que me tiene ansiosa, más que preocupada.
¿Cuál es mi destino? ¿Qué hago en este mundo? ¿Cuál es nuestra misión, si es que existe alguna? Algo más importante debe haber que trabajar estúpidamente para ganar dinero y comprar cosas.
Creo saber lo que tengo que hacer y cómo debo comportarme, porque supe que todo estaba dentro de mí, ¡siempre estuvo ahí! Por esto, si vale la pena vivir.
Me sentía heredera de un pasado cósmico. Y así era. Lo demás te será dado como un regalo.